lunes, 25 de mayo de 2015

Montefurado, el Dorado gallego



Maio hortelán, moita folla e pouco gran

Mayo hortelano, mucha hoja y poco grano

El concello de Quiroga, comarca del sur de Lugo, conocida por su aceite de oliva y sus antiquísimas minas de oro, posee una historia especial, contada a través de su paisaje, y cuyo origen más brillante, nunca mejor dicho, tiene su epicentro en el lugar de Montefurado, un idílico entorno de montaña marcado por la sinuosa cicatriz del caudaloso rio Sil; una cicatriz ampliada por la industria extractiva del oro en tiempos de los romanos.


¿Y qué visitar en la zona de Quiroga?
Sin duda, Montefurado. “Montefurado”en gallego significa monte agujereado. Y exactamente eso es lo que es. Un gran túnel conocida entre los lugareños como "Boca do Monte" realizada en el siglo II, en los tiempos del emperador Trajano, para desviar el cauce del río Sil y poder extraer así el oro que éste arrastraba, lavando el lodo de la cuenca original. Su extensión total era de 120 metros, aunque en la actualidad, tras un derrumbe parcial por una enorme crecida del río en 1934, podemos contemplar 52 metros abovedados que atraviesan la montaña, llamada “Pena do Corvo”. Sin duda ésta fue una de las mayores obras de ingeniería romana de la península, lo que nos lleva a pensar en su prolífica producción de oro. En los textos antiguos se relata que durante el periodo romano se podían recoger hasta 20.000 libras de oro anuales de todo el noroeste ibérico, que se enviaban, en su  gran mayoría, a Roma. La presencia de los romanos se mantuvo en este entorno hasta principios del siglo V. Durante más de dos siglos, enormes cantidades del preciado metal viajaban por la Via Nova o XVIII que conectaba la ciudad portuguesa de Braga con Asturias. Ya en la Edad Media, la zona se volvió a dinamizar con la construcción del castillo de Torrenovaes en el siglo XIII, realizado por los caballeros de la Orden de Malta para dar acogida y protección a los primeros peregrinos en su trayecto hacia Santiago de Compostela desde la vecina Ponferrada. Esta ruta, llamada Camiño de Inverno servía a los peregrinos como alternativa al Camino Francés para no tener que cruzar las zonas montañosas de la sierra del Courel durante las épocas más frías del año.


Un paseo por el entorno de Montefurado nos permitirá conocer el pintoresco pueblo de San Miguel de Montefurado, visitar su gran iglesia del siglo XVIII u observar una rica flora, entre las que destacan el castiñeiro (castaño en castellano) y la oliveira autóctona. Son también dignas de ver las numerosas cuevas y galerías para la extracción del mineral que quedan en la zona; unos depósitos auríferos que fueron lavados y erosionados mediante un sistema de canales subterráneos para destruir el estrato donde se encontraba el oro y así poder extraerlo. Alguna de estas galerías sirven hoy en día como apreciadas adegas (bodega en castellano). Con el paso del tiempo, la acumulación de materiales de deshecho creó unos peculiares monolitos, llamados médulas, que se pueden observar a la entrada del pueblo de San Miguel.


  
El tipo de tierra, su clima atemperado por el río y los veranos calurosos, hicieron que los romanos replicasen en Quiroga su modus vivendi mediterráneo. Plantaron frutales, viñedos y olivos y no se equivocaban. Las frutas, vinos y aceites de esta zona son de gran calidad, y prueba de ello son los antiquísimos molinos artesanales de aceite aún en uso que hay en la zona, como el de Bendilló, o el de Soldón, y el número de viticultores y oleicultores en Quiroga, ante el creciente interés por recuperar antiguas variedades gallegas de uva y aceituna. Los romanos se llevaron el oro, pero nos dejaron algo mejor: el vino, el aceite y su impactante ingeniería enclavada en un bello entorno.

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